22.10.13
El Payaso Piripipi
Hace años cuando cruzaba la calle del colegio a mi casa, se escuchaba el estridente sonido de un parlante pequeño a todo lo que da y la voz con falsete de un payaso.
Es un payaso pobre.
Es un payaso con la cara partida de sus arrugas, de las marcas de sus anteojos, partida de sudor, partida de intentar demasiado.
Al principio se promocionaba para cumpleaños, bautizos, matrimonios...
Parece que no le fue bien.
Después, promocionaba aceitunas.
A veces habían unas señoras, creo que eran su esposa o sus hijas que lo observaban. Sé que tenían relación con el porque lo observaban con preocupación mientras pregonaba o sus servicios o las aceitunas y algunas veces se acercaban a decirle algo.
Con el tiempo lo veía cada vez menos.
Al final dejó de llevar su parlante y entregaba panfletos.
Después entré a la universidad y por bastante tiempo salía y volvía cuando ya no había sol.
A principio de este año, con un horario mucho más amable me volví a encontrar con él.
La tarjeta al principio del texto es algo que me pasó el Payaso Piripipi. No podría olvidar su rostro, el maquillaje partido me había hecho recordar aún más sus rasgos. Ahí estaba sin pintura, con su pelo corto, con una fome camisa a rayas celeste y pantalón recto. Nunca se quitó los lentes mientras era Piripipi, eran redondos y muy gruesos.
Guardé esta tarjeta por meses esperando un contexto en que tomarle una foto "especial". Pero al final nunca lo hice. No sé porque me pareció que lo adecuado era una simple foto de celular, como para no dilatar más el tema.
Guardé esta tarjeta como la muestra de que el Payaso Piripipi se había rendido.
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