Me gusta colgar las toallas después de ducharme. Me gusta usar toallas grandes y gruesas, envolver mi cabeza en un montón grande a pesar de que aún no tengo el cabello tan largo. Pasar una loción que no sé que es por la cara con un algodón, es fresco, me siento despierta.
Cuelgo las toallas fuera.
Cuando veo el cielo de un color entre violáceo y rosa aspiro profundo en busca del olor de la lluvia. Aún cuando veo aureolas lunares a veces no llueve. Lo leí en un libro sobre nubes; se produce por niebla o alta humedad en la atmósfera y la luna se rodea con un halo nacarado. Mi mamá dice que mi abuelo decía que era el presagio de la lluvia. Pero no estamos en Corea. Aunque muchas veces acierta.
Soy de sueño ligero, aunque ahora vivo más cansada y duermo más profundo. Cansada de manera feliz. Antes podía escuchar una frecuencia baja, más bien la sentía y despertaba siempre antes de los temblores. También despierto con la lluvias cortas a mitad de la madrugada.
Hoy el cielo tenía el tono de la lluvia, no olía a humedad y cerca del horizonte era azul claro para ser de noche. Se unía de manera suave y notoria. Decidí que pintaría siempre el cielo con esos colores.
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