Deje de usar la micro. La ruleta de saber si me podre sentar o esperar todo el viaje con mis herramientas. Prefiero caminar con ellas que esperar en ellas, por alguna razon pesa menos asi.
Detiene el colectivo un señor casi dibujado como viejo, de traje marrón y sombrero de ala. No tiene barba. Usa una muleta. Habla con esa voz de labios pegados, de encias, de garganta suave. Sabre describirlo mejor cuando me pase.
Le da un billete azul al chofer, quien exclama "Y tanta plata". Con lentitud el viejo le ofrece un negocio. Levanta su mano izquiera y me queda tratando de memorizar su mano, nudosa como una rama de parron, y la ultima falanje del indice esta desviada, no apunta hacia arriba y tiene la uña sana.
Las mejillas caidas, parece.
Desde mi asiento puedo ver su costado, una parte de sus gafas, como se deforma el camino a traves de ellas.
El chofer acepta el trato. Debe llevar de vuelta 100mil pesos en fotocopias a tal direccion.
Voy apretada. Todos usamos abrigos, menos el chofer.
22.7.14
Hoy no llovio.
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